miércoles 14 de octubre de 2009

Bajo la lluvia.



Para la madre tierra y su Rodrigo.
"Y te vi bailar bajo la lluvia,
y saltar sobre un campo de estrellas."
Quique González.

Y te vi bailar bajo la lluvia,
negando las lágrimas del hielo.
Te vi cambiando de pañales y de planes,
cantándole nanas al dolor,
cruzando a nado este mar tan inmenso.

Y te vi bailar bajo la lluvia,
tiñendo de blanco los malos sueños.
Te vi esperando otra luna llena,
más llena que ésta que reluce a media asta,
ésta que cala hasta los huesos.

Y te vi bailar bajo la lluvia,
tocar fondo y coger carrerilla.
Y te vi dormirte en los adioses,
sin perder de vista las estrellas,
aquí por él, aquí por ti, aquí por la vida.

Es otoño en todas partes,
llueve en tus ojos y no frena,
pero sigue bailando,
que el de la cuna te limpiará el corazón de arena.

Que no pare la música,
que no se apague la carretera.
¡Silencio, lluvia, silencio!
Que de la mano de su mamá está Rodrigo
y lleva consigo la primavera.

sábado 5 de septiembre de 2009

Adonde llevan todos los caminos.


"La vertigine non è paura di cadere,
ma voglia di volare."

En menos de media luna, mi zinc llevará etiqueta made in Italy
y trece mariposas revolotean en un trampolín de cartulina.
Llegó el tiempo amarillo,
llegó el abismo,
llegó septiembre, y de su mano,
un pedacito de destino.

No tengo hambre.
No tengo sueño.
Tengo vértigo vertificado, me asomo a una atalaya sin abismos.

No tengo frío.
No tengo miedo.
Tengo ganas, enganchada a ganar mundos sin perder inicios.

Yo voy soñando caminos, de un año casi entero.
Acojo un panteón como punto de encuentro.
Me alojo bajo el yugo de un Cavaliere alopécico.
Me mudo y trazo en mosaico la silueta de un paisaje incompleto,
como los antiguos romanos,
como los viejos rockeros.

La gata encuentra nuevo cobijo.
En mi tejado os espero,
donde el agua pierde la memoria.
Allá, allá cerca,
donde habita un felino,
adonde llevan, en una vieja vespa, todos los caminos.

jueves 23 de julio de 2009

Need change, not coins.



Llevaba tiempo sin encontrarme con un cuento.
No sabía que estuviera esperándome en la acera de mi portal.

Era la hora justa. Llegaba a casa pedaleando, podía (si quería) encender el ordenador por si él me había escrito, podía (si quería) cenar lo que me apeteciera, podía (si quería) acostarme a las tantas bailando o soñando en mi habitación porque podía (si quería) levantarme tarde al siguiente día. A lo mejor pensaba en eso, no me acuerdo. A lo mejor sólo pensaba en las noches de julio.

Llegaba, eso seguro. Frené a la altura de mi calle y dejé de soñar. En el portal, algo me esperaba. Un hombre con rostro de príncipe lejano buceaba sin prisa en el mar de nuestro cubo de basura.

Extraña realeza (pensé), como un capitán pirata, con su pendiente de pluma de pavo real y su capa raída; claro que sin el barco que es un techo y un camarote. Ya se sabe lo estrecho que es el puerto de Madrid...

Mi silencio y el tímido ronroneo de mi bici debieron hacerle levantar su cabeza de bronce oxidado. Lo observé con cautela y me quité la mochila para coger las llaves. Dudé si sacar también mi cartera y echarle una absurda ayuda, un chato a mi salud, ya ves tú, mientras yo me subo a mi casa y duermo entre sábanas limpias...

"Need change, not coins", musitó el capitán pirata, mirándome alegre en su popa. Quería un cambio, pero no podía. Le sonreí de vuelta, tampoco yo podía hacer mucho más que avergonzarme.

Necesita cambio, qué abismo de cambio... "¡Zalata, zalata!"
Pensé en escribirle una de piratas, una canción prosaica que no leerá, que no servirá para nada, que no le llevará a los mares del sur. En mi impotencia recurrí al bello olvido y desde el palo mayor de mi segundo piso le lancé un resto de botella de ron.
¿Tierra a la vista? Aunque sea un poco de ilusión...

Mierda, cómo es la vida.
Me despedí con un guiño y pensé:

Que encuentre oro en la basura, capitán.
Que triunfen sus tatuados calendarios.
Puedo (porque quiero) seguir creyendo en los corsarios.
Buen viaje, el abordaje está al llegar.

lunes 29 de junio de 2009

Tener y no tener.


Vertical. Nº 7. Four words: "Process of repair of organic tissue."
Heal.


Le recuerdo de camino a cualquier otro lugar, con su pequeña prisa y sus manos en los bolsillos. La primera vez que bajó de ninguna parte a hablarme llevaba los labios ocupados con un pitillo.
Me pidió fuego.

Le decepcionó que no fumara pero le gustó que me acordase del "Anybody got a match" de Bacall a Bogart.
No tenía encendedor, no hizo falta.
Bogart y su boca rota abrieron fuego.

Tenía talento para tener miedo y miedo de tener talento. Lo justo para adormilarme en el humo y en las notas de su voz de terciopelo.
No, nunca estuve allí, Yo también adoro a Carver, ¿Vienes en bici?, Te veré algún día en Roma, ¿No has visto Antes del Amanecer? Mañana te la presto...

En realidad, ésta es una no-canción de jazz que dura lo que dura ese mismo cigarrillo, se me rasgó la melodía de la canción porque a pesar de tener tanto, no tuvo argumento.
Y es que así le recuerdo, fumándose la vida y bajando de su nada desafinada para cantarme y contarme este cuento del desastre, este desastre de cuento.

Miss Vaughan would sing a goodbye in b flat,
por eso así me despido, me curo, me reinvento.

After hell, I heal,
apago la colilla,
te tengo y no te tengo.

domingo 24 de mayo de 2009

Epílogo.



And I wait awake...
qué estupidez!
Già sai...
por si vuelves,
con tus miedos renovados
with charm in your shadow...
a volar o a bailar
nonostante tutto sia passato.

Lost. In Translation...
Ya ves,
blue tango and friday no-one,
le vierge, le vivace et le bel aujourd'hui.
I stare at the stairs
desmemoriándome en el espejo.

C'est fini
y no acabo de terminar,
ma giá lo sai...
si es que ahí sigues.

So I wait awake until
l'impossible...

miércoles 15 de abril de 2009

Please wait.



¡Espera! Ya me acuerdo.
Al tiempo que mi padre daba brillo a la esfera de un viejo reloj, yo miraba la tele sin creerme todavía lo que estaba viendo. ¿Muerto el presidente?

Oía un tic tac. Mi corazón se sincopó con el reloj de mi padre. ¡Good morning! Beautiful summer day in Dallas City. Alguien esperaba. Era una diminuta figura, era John John, saludando con sus zapatitos escarlata al pasar de una caja que seguro no imaginaría que era su padre. Dos, tres, cuatro, cinco...

A mi padre le gustaba decir que arreglaba cosas. Doce, trece, catorce... Aunque claro, sólo arreglaba relojes.

Subía el ascensor de un hospital y una ñoña melodía desafinada acentuaba mi ansiedad. Veinte, veintiuno, veintidós... Me quité el sombrero con respeto para un público ausente. Bueno, a lo mejor estaba él, que me espiaba por alguna rendija. Treinta y ocho, treinta y nueve, cuarenta...

Sí, probablemente estaba John John. También estaba yo, esperando, es decir, conservando esperanza. Los dos llevábamos un abrigo azul y nos hacíamos los fuertes. A él le vio medio mundo con tres años de vida, yo llevaba media vida sin ser visto por ninguno de los tres mundos. Algo nos unía, tic tac, una especie de espera desesperada mirando al infinito, cuarenta y siete, cuarenta y ocho, cuarenta y nueve... y unos padres que arreglaban cosas, a pesar de ser incapaces de arreglar el tiempo.

Yo llegaba tarde. Me habían avisado demasiado tarde, "Su padre ha llamado, dice que se va al hospital", y ahora esperaba. Beautiful day in Dallas. Sí, muy bonito día. Me imaginé saludando a mi padre encajonado, como John John, y miré el reloj con angustia. Eran las cinco en punto de la tarde. Cincuenta. Ya estamos.

Pregunté sin mirar a la cara de una bata blanca que pasaba. ¿Sabe usted? ¿Mi padre?
"Please Wait... No. Nadie." Nadie. Nadie. Nadie. Sólo uno. Nadie. Nadie.

¡Espera! ¡Allí, subido a la escalera! Cómo no, arreglando el tiempo en la sala de espera. El presidente Kennedy, mi padre, se bajó sin prisa y me saludó, pero no como los militares, sino como los relojeros o los náufragos, con un abrazo largo y azul. Me dijo al oído: "Please, don't wait, it's a beautiful day in Dallas".

"Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire."

Así hice, como John John, le despedí con saludo valiente y sólo esperé lo inesperado.
Se me quedó desnuda la muñeca y se me acabó el calendario.

¡Espera! Y yo soy el regalado, no hay nada más cierto.

viernes 3 de abril de 2009

Ítaca.



"Que la vida iba en serio,
uno lo empieza a comprender más tarde,
-como todos los jóvenes-, yo vine
a llevarme la vida por delante."
Jaime Gil de Biedma

Se le cayó la ceniza del cigarro y se le calló la alegría de la garganta.
Todo al suelo.

Las fotos ya no se rompen, -pensó- se borran.
Dejan de existir.
Polvo de estrellas cibernético.

Hasta otra, -se dijeron-
prometiéndose volver a Ítaca algún día, mientras la parte profunda del estómago dolía todavía.
No hubo cartas, ni lágrimas. Sólo un cielo demasiado azul después de tanta lluvia ilusionada.
Sólo eco.
Se despidieron en un semáforo con un abrazo de olvido y, como era miope, dejó de ver su sombra mientras se alejaba por el camino.

Volvió.
En vez de deshojar margaritas se quitó el reloj y los recuerdos, se puso un blues de Janis como quien se toma una pastilla para dormir, o para no soñar despierto.

Tardó en salir el sol, y salieron muchos soles hasta que se curó las heridas y los besos. Pero no aprendió de redención, ni de álgebra, ni de recuerdo.
No sabía cómo no perderse, cómo no saltar el muro y perder el seso. Y, a pesar del vértigo, saltó para caerse de nuevo, y despegó de la mano de ocho globos hacia la Ítaca perdida y azul, ésa que no existe, allá donde no se mojan los sueños.

Como todos los jóvenes, vino a llevarse la vida por delante.
Soñó enseñar a soñar sueños, que para despertar siempre hay tiempo.
Soñó con lo imposible porque lo imposible era mejor que lo cierto.

Porque la vida va en serio.
El muro está para derribarlo.

Aunque no lleguemos, 
lo que importa es el viaje, joven,
lo que importa es el mar, viejo.